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domingo, 25 de abril de 2021

HUGO CRUZ, GANADOR (EN SU CATEGORÍA) DEL X CERTAMEN DE NARRATIVA EN EL IES PADRE POVEDA. ACTIVIDADES DÍA DEL LIBRO

 

Mi alumno, Hugo Cruz, 3ºESO C ha ganado,  en su categoría, el certamen de narrativa que el IES Padre Poveda celebra cada año con motivo de la celebración del Día del Libro. El jurado ha valorado la ambientación en la Guerra Civil (no muy común en chicos de su edad) y la madurez demostrada ante  la recreación literaria de un drama que afectó a tantas familias: el drama de la ausencia, la incertidumbre y el silencio.

La escritura creativa es magia, es emoción, es recuerdo, es denuncia, es ficción y es una realidad. Por eso es tan interesante practicarla desde el aula, por eso este tipo de premios trabajados y merecidos nos llenan de ilusión. Enhorabuena para Hugo y para todos los participantes. La decisión ha estado reñida y eso solo significa una cosa: que vuestra sensibilidad literaria y creativa se está definiendo cada vez con más contundencia. Felicidades a todos los que usáis la lectura y la escritura como un escape que aporta cierto sentido a vuestra vida.

EN LA SOMBRA DE UNA GUERRA.

HUGO CRUZ.

Aún recuerdo la variedad de colores que se podían disfrutar en el campo de José Matillas, mi padre. Un hombre rudo e inteligente, que nada ni nadie conseguía derrumbar, al que nada le asustaba. Un marco familiar humilde, pero lleno de gentileza, modestia y bondad. A él se le sumaban mi madre y mis hermanos; Emilio y Matías. Solíamos disfrutar rodeados del marrón de la tierra, el verde de nuestros más preciados olivos y el morado de las ciruelas que tanto nos gustaban. A menudo, me quejaba por la cantidad de insectos que accedían a mi “habitación”, o que recorrían las paredes de esquina a esquina, algo que siempre produjo en mí cierto rechazo. Pero, según mi madre, esto se debía a un supuesto movimiento migratorio de estos bichos cuya única finalidad era encontrar cobijo para el invierno. Si así fuera, no entendería el porqué del continuo intento de acabar con ellos o la exaltación que presenta mi familia al verlos… y es que la realidad es otra. Vivimos en la casa de campo desde que unos hombres vinieron a desahuciarnos. Mis padres no tienen dinero para arreglar todo aquello que parece caerse encima. Las hormigas entran por la ranura de la oxidada puerta de metal, y mi madre lo único que pretende es hacerme ver una vida que no tenemos, la cual piensa que aún me creo, la misma que todavía finjo, y por la que hoy he de vivir en esta aparente normalidad. Era costumbre que Ángela, mi madre, saliera a pasear después del almuerzo, pues como ella decía; “el que bien come y bien digiere, solo de viejo se muere”. Pero esta vez, no fue así. Recorría el largor de los campos vecinos, canturreando algunos de los más tradicionales cancioneros. Llenaba aquel inmenso vecindario solo con su relajante voz, y un mensaje lleno de esperanza en sus letras. Paradójico, ¿verdad? Con una de las más crueles ironías de la vida, llegaba un episodio del que no pudimos pasar página. De hecho, aquel doblez de hoja dejó marcado el libro. Tras los asesinatos del teniente de la Guardia de Asalto, José Castillo y el diputado José Calvo Sotelo, rondaba por el pueblo la noticia de un posible gran enfrentamiento entre el Bando Sublevado y el Democrático, a consecuencia de un Golpe de Estado fallido. A priori, pensamos que ello no conllevaría grandes consecuencias en nuestras vidas, y mucho menos que nos pudiera perjudicar de tal forma. Incrédulos.

Fue al cabo de unos meses, cuando el peligro acechaba por las zonas colindantes, y nuestro temor aumentaba progresivamente. Siempre noté a mi padre temeroso, aunque mostrando cierta indiferencia para transmitirnos un mensaje de tranquilidad. No obstante, era notorio el miedo en el ambiente promulgado por parte de todos. Excepto yo, que siempre supe qué iba a pasar. Escuchamos disparos en la calle, quedaron atónitos ante tal suceso. Respiré hondo. Papá nos dijo que nos escondiésemos. Mi madre, asustada, elevó la falda de la mesa para adentrarnos en ella. Acto seguido, comenzó a cerrar las ventanas de manera sofocada y los candados quedaron bloqueados. A pesar de ello, una gran incógnita seguía protagonizando aquel entorno de pánico y temor, acompañada del temblor en las manos de mis hermanos y una voz quebrada que sollozaba bajo la mesa. Supongo que bajo nuestra infinita inocencia, reinaba la peligrosidad del momento. Minutos más tarde, golpearon fuertemente la puerta de nuestro humilde campo. Un grito de mamá rompió el desequilibrado silencio al que mi padre puso fin tapándole la boca de manera casi instantánea. Mis latidos se aceleraban a medida que el puño de aquellos hombres aporreaba hasta las ventanas de casa. Matías, mi hermano más pequeño, quería salir al encuentro con mi madre, pues lo único que necesitaba era un abrazo que le brindase la protección de la que carecía, pero yo lo retuve al momento. No era justo que él se viese también involucrado en aquel escenario, por lo que nos mantuvimos al margen, escondidos, controlando inclusive la intensidad de nuestra respiración. A través del pequeño hueco existente por la rotura de las sayas de la mesa, se revelaba un escenario prácticamente pusilánime, oscuro, frío. Escondido tras las cortinas (que con tanto gusto mi madre tejió), se hallaba mi padre y, con él, el miedo que desprendía. Notaba el sudor de su frente, el terror en sus ojos, a la vez que gesticulaba para que guardásemos silencio y estuviésemos tranquilos. Mientras tanto, intentaba transmitirle de forma no verbal que huyese por la puerta trasera de la cocina, pero él, seguro y conciso, se mantuvo en pie. Supongo que ya sabía que las consecuencias serían peores y únicamente agravaríamos el peligro de la situación, pues al fin y al cabo, el desenlace prometía ser el mismo. Aquellos hombres, a base de golpes, consiguieron derrumbar la puerta. En aquel momento, solo pude taparle los ojos a mi hermano menor, y abrazarlo con una reciedumbre que ni yo mismo supe de dónde salió

Honestamente, no tenía ni idea de qué estaba pasando, ni cuál sería el paradero de mi padre. Pero sí tuve algo muy claro, y es que no lo volvería a ver. Debajo de la mesa y con los ojos bien apretados, nos encontrábamos dos niños de 7 y 11 años que lloraban internamente la marcha de su padre. Y, con el intenso llanto de una madre y un portazo que estremece hasta las paredes de una humilde casa de campo, comienza la peor de las pesadillas. Unos cuantos silenciosos segundos determinan el desenlace de aquella escena, en la que, tras cruzar miradas temblorosas con mi madre, esta se dirige hacia mí para hacerme saber que todo iba a estar bien, excepto ella, que cayó al suelo, rota de dolor. Al cabo de unas horas, todos los hombres del pueblo quedan inmersos en un tren de color verde albahaca, con matices oscuros, que tenía como destino el final de aquellos inocentes luchadores. Mi madre, tras recomponerse y sacar la fortaleza que aguarda en su interior, sale completamente decidida hacia aquel tren que tantas vidas llevó consigo. Yo, sin pensármelo dos veces, corro detrás de ella para poder despedirme de mi padre. Lamentablemente, a lo lejos de aquellas ruidosas vías, se apreciaba una nube de humo que iba haciéndose prácticamente invisible en cuestión de segundos. El tren ya había salido. Mi madre, abatida por la situación, comienza a gritar despavorida, mientras que las vecinas allí presentes la tratan de calmar y socorrer. Dicen que hay recuerdos que nunca pueden ser olvidados por mucho que procures hacerlo... a mí, este me atormenta, me persigue, y lidera mis peores pensamientos. Pasaban los días, semanas, meses… y no sabíamos nada del transcurso de esa maldita conflagración. A mi pueblo casi no llegaban noticias, y era prácticamente imposible estar al tanto de lo que pasaba ahí fuera, aun más teniendo en cuenta el factor agravante del peligro que corríamos, pues no sabíamos qué podía llegar a pasar en cualquier momento. Además, los medios estaban comprados, ya que la información de cada uno de los bandos enfrentados ejemplificaba el soporte ideológico e incluso estético que representaban, adueñándose así de los más importantes métodos de transmisión de noticias, por lo que nos era imposible conocer la verdad absoluta o, al menos, parte de ella.

Lamento mucho ser la persona que tenga que dar voz a aquellos que se vieron coaccionados a gritar, y vivir en la sombra de una guerra. Sentir el deterioro de una familia que está atada a la desgracia, mientras continúa la esperanza del regreso de mi padre. Una esperanza que va disminuyendo en función del paso del tiempo. Agotable. Y… ¿sabes qué? A través de los ojos de un niño de 8 años se encuentra la inocencia en su estado más puro, pero no es nada fácil ser un niño en un mundo de adultos. Contemplar un escenario que ahora se vuelve negro, adoptar la figura paternal y ser consciente de una situación que, por el bien de tu familia, has de disimular, supone la completa exterminación de una infancia imposible de recuperar. Poco a poco fui creciendo y, proporcionalmente, entendía el porqué de muchas de mis incógnitas, la más profunda de ellas, por qué mi madre llora desconsolada, si jura que mi padre volverá. Al fin y al cabo solo quería hacernos ver que mi padre estaba de viaje, y prometía un regreso no muy lejano. Le hacía pensar que creía sus milongas con el fin de despertar en ella un pequeño rayo de satisfacción, aunque ello no supusiese prácticamente nada en una vida que ya estaba apagada. Pero fue el 1 de abril de 1939, cuando supe que todo había acabado. Llegó al pueblo la noticia de que el Bando Nacional poseía el poder y la autoridad. Los que sobrevivían, estaban de vuelta en sus hogares. Carmen, la vecina de enfrente, gritó hasta hacer saber a todo el vecindario que su marido había regresado a casa. Sin embargo, mi padre no volvía, ni volvió, ni volverá. Nuestro familiar y humilde campo donde reinaba la felicidad, ya no era más que la fase introductoria al posterior deterioro de todo aquello que amanecía colorido, de todo aquello que ahora es negro, y de todo aquello que alimentaba nuestro llanto, e irreparable dolor. Lo llamaban la Guerra Civil.

jueves, 2 de mayo de 2019

GANADORAS DEL CERTAMEN DE RELATOS DE LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE GUADIX. DÍA DEL LIBRO 2018/2019

Os presento a tres de mis alumnas. Tres escritoras que han ganado El Concurso de Relatos que la Biblioteca Municipal de Guadix convoca para celebrar el Día del Libro. 

SARA FORNIELES- 2º DE BACHILLERATO-PRIMER PREMIO


-Vacío.
Abro poco a poco los ojos, tratando de ubicarme o poder recordar algo, todo a mí alrededor era de un brillante color blanco, los muebles, las paredes, el techo… incluso el hueco vacío a mi lado en la cama.
Antes lo ocupabas tú, ahora solamente queda la forma de lo que una vez fuiste. Lloré una y otra vez por tu ausencia, clamé a un Dios y a cientos, pero ninguno osó en responderme… atenté contra miles de papeles revueltos sobre un escritorio viejo allá por San Fernando. Corrí bajo la lluvia tantas horas como me lo permitieron mis pies, y ahora que te escribo, no habiéndome atrevido a hacerlo anteriormente, no puedo dejar de pedirte que vuelvas a mi lado.
Necesito ver el mundo como tú me permitías verlo, observar un viento azul y rojo que arrastraba marrones hojas en otoño o verdes en primavera; necesito sentarme contigo en aquel banco del retiro en invierno, con copos de nieve mojando el cuaderno donde te garabateo unas pocas líneas… ¿Por qué no puedo regresar?,  a ese entonces donde tú y yo éramos uno, donde el baile de los cisnes seguía nuestro ritmo, o cuando cada nota aislada de una melodía al violín suena como la bruma que nos abrigaba entonces.
Me incorporo en la cama, soñoliento y cansado de la misma historia de cada amanecer.
Entré en otro lugar y aún vestido dejé que mi cuerpo se humedeciese con las gotas que caían. Ya no tengo noción de nada, tan siquiera siento como el agua me roza bajo la tela, no difiero si es fría o arde, no veo donde me encuentro a pesar de que ya no es blanco todo lo que creo ver, cambió todo a un gris doliente y rasgante.
Salgo por la puerta principal, escuchando algo de mago de öz y me limito a poner un pie delante del otro perdiéndome en la distancia de ese horizonte que alcancé a tu lado, pero que hoy me parece tan distante… ya no ansío alcanzarlo, ya no sueño con conquistar el mundo sino con superar cada día y seguir respirando.
Llego a un paraje, aún temprano, donde creo que es el lugar en que debo estar… Percibo que alguien me saluda, pero no hay nadie en realidad, siento que cuanta más gente me rodea más solo me encuentro y más silencioso es mi grito desesperado.
Me siento y paso horas y horas viendo a diferentes personas entrar, salir y mientras tratan de llamar mi atención pero ante mi negativa comprenden que resulta inútil.
Hay un momento donde las otras personas se levantan y se van, a mi hay algunos que me arrastran fuera, y me pregunto, por qué no permanecería soñando esta mañana, soñando con esos recuerdos que me atormentan mientras te pienso, soñando que la mujer alta se echó a reír, y me señaló con el abanico, cuál si hubiese leído en mi pensamiento y denunciase al público mi cobardía, como si la muerte de una parte de mí fuera causa de mofa, burla y dolor.
Al fin acaba ese periodo de tiempo donde sin sentir nada creo hacer algo.
Después de tu marcha todo entró en una tensión constante, agravando el azabache por momentos.
Pasaba por la vida como aquel observador que la ve desde fuera, no como el protagonista de mi propia historia… Todo lo que hacía era por inercia, porque alguien me instaba a continuar, porque aún sentía la huella de nuestro pasado, de lo que una vez fuimos…
¡Respóndeme! ¡Maldita sea! Necesito que vuelvas, me siento como aquel adolescente que pierde a su primer gran amor, como ese bebé que es arrebatado de los brazos de su madre, como el desterrado que añora su patria. Mas sólo soy un pobre poeta que ha perdido su inspiración, sin ella, cada día se repite, es del mismo y deprimente color…
Continúo bajo el amparo de la negra pena que me envuelve y que hace que cada creación sea una gran nube de fría lluvia de carbón. Aún sueño con esa alta mujer, que ridiculiza el bloqueo de un poeta.
Miraré una última vez el horizonte, te extrañaré siempre, puede que jamás vuelva a escribir como una vez lo hice, alejados ya todos los colores, incluso los penetrantes blancos y los dolientes grises, ahora, mientras me alejo hacia el crepúsculo, únicamente me acompaña el color negro, el bloqueo de un autor.


Sara María Fornieles Verdugo. 2 Bachillerato B. IES Padre Poveda.


NATALIA CORTÉS- 1º DE BACHILLERATO- 2º PREMIO


Verdades.

Esa hipocresía que tienes que, andas como si todo en la vida estuviese girando entorno a ti.
Esa mala costumbre que tienes de hacer ese buen papel de víctima para que todos se apiaden de ti, te tengas lástima e intentas quedar bien con todos, cuando la único que estás consiguiendo es que la gente se aparte una y otra vez de ti.
Te sientes desolada, ya nadie te presta atención, puesto que se han dado cuenta que tu papel de víctima ya está demasiado usado hasta para ti.
Miras y miras a la gente, miras a tu alrededor, y te das cuenta que te has quedado completamente sola.
Tristemente, te ves obligada a juntarte con aquellas personas que tanto criticaste.
Tú, que tan segura estabas de tus mentiras.
Aquella mujer valiente se había derrumbado, aquella mujer se había quedado completamente sola por sus malas decisiones.
Aquella mujer alta que se echó a reír, y me señaló ignominiosamente con el abanico cual si hubiese leído en mi pensamiento y denunciase al público mi cobardía, se dio cuenta de que la única cobarde era ella.


ELENA REQUENA-1º DE BACHILLERATO- TERCER PREMIO


Ellos decidieron.

Año 1853
—Señorita Terrance, tenemos que salir ya a la fiesta privada del Duque Molinten.
Me arreglé el vestido y volteé a ver a Sebastian, mi mayordomo.
—Enseguida.
Volví a mirarme al espejo, este vestido apenas me dejaba respirar. Mientras daba los últimos retoques, mi madre entró– Victoria, ten mucho cuidado –se acercó a mí–. Contrólate.
—No te preocupes madre, todo saldrá bien –aunque no quisiera.
Camino a la casa del Duque, mis nervios aumentaban, tenía que actuar con cautela.
Bajé del carro, yendo hacia la entrada principal de la casa donde se encontraban la mayoría de los invitados.
Y allí, parada frente todos, la vi.
En cuanto me vio, gritó furiosamente.
El resto de personas quedaron en total silencio, expectantes.
—Usted –la mujer alta se echó a reír y me señaló ignominiosamente con el abanico, cual si hubiese leído en mi pensamiento y denunciase al público mi cobardía– ¿Cómo se atreve, semejante abolición de la naturaleza, presentarse después de semejante horripilad? –la única que lo sabía, a parte de madre; la única que me odió desde mi nacimiento, porque el Duque tenía sus ojos en mí, y ella en él. Siempre intentó acabar conmigo, y ahora, después de lo que vio, lo tenía puesto en bandeja. Todos allá dentro me miraron confusos– ¡Es una bruja!
Di un paso atrás, mis nervios me traicionaban, el Duque Molinten entró al escenario observándome extrañado– ¿Se puede saber qué está ocurriendo?
Años, llevaba años escondiéndolo, tan solo lo usé una vez para salvarme de la horca…
Agaché mi mirada.
—Me temo que… –apreté los puños, mi mirada se tornó oscura– la fiesta se acabó.
El suelo, las paredes empezaron a agrietarse, cayendo los escombros hacia los invitados.
Gritos, maldiciones, acusaciones…
Nacer con magia no te convertía en una mala persona, pero si ellos así lo veían, así se los demostraría.


Enhorabuena a las tres. Seguid escribiendo siempre.

martes, 26 de marzo de 2019

EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA Y POESÍA.

Un año más unimos imágenes y palabras en lo que será una exposición fotográfica y poética donde los alumnos de 1º de Bachillerato B (Alumnos de Literatura Universal) ponen texto a las imágenes del fotógrafo granadino Fran Díaz.
Es una de las actividades con las que conmemoramos El Día del Libro en el marco de la Feria del Libro del IES Padre Poveda de Guadix. Queremos agradecer a la profesora de Historia Inma Navarro toda su ayuda y disponibilidad.
Escribir tiene mucho que ver con nuestro mundo interior y con el mundo que nos rodea. Escribir nos ayuda a abrir los ojos y a mirar de manera distinta. Es un ejercicio de creatividad en el que la emoción y el sentimiento juegan un papel muy importante. Para esta actividad hemos utilizado como disparador de palabras LOS INSTANTES capturados por la cámara de Fran Díaz. De sus fotografías se desprenden paisajes, variedad de colorido, momentos, belleza, cielos, nubes...Los alumnos de Literatura Universal han recogido estas imágenes a través de palabras y versos que complementan esos instantes de la realidad que muestran las fotografías.
Este trabajo tomará forma de Exposición fotográfico-poética en el IES Padre Poveda, durante la Semana dedicada a la Feria del Libro. Del 8 al 12 de abril y podrá ser visitada por todos los que deseen hacerlo.



MICAELA HIGUERAS VERA




Recaigo en lo dulce de tus mentiras y empiezo a entender que no me querías cortar las alas pero tampoco me querías ver volar.



Te sigo esperando, ya consciente de que no volverás.
Pero ahí sigo parada
con las heridas abiertas
y gritándole al silencio.


DAVID LOZANO



Con una chispa haré cenizas esas ruinas y sobre ellas construiré una nueva historia.



Buscando la felicidad elegí como punto de partida mi final.


ROCÍO CRUZ



El cielo en sus manos, la mirada en el firmamento, dos lazos sueltos en sus pies la invitaban a volar.
Sus ojos nunca dejarán de brillar.



Caminos cerrados. Grillos saltando. Gotas que dibujan una extraña marea de humedad y sutileza.
Caminos.
Caminos por donde tú y yo andábamos insaciablemente.

NATALIA CORTÉS 



Pequeño e inerte.
Esperando ser la sonrisa de un niño inocente.





Tanto en el horizonte como en la vida, verdaderamente piensas si lo que quieres es lo que deseas o lo que deseas es lo que verdaderamente quieres.

MARÍA RUIZ



Unos zapatos para poder andar...pero lo que yo prefiero son unas alas para gritar con energía al viento que quiero LIBERTAD.

ELENA REQUENA



El caos de las hojas confunde mis sentimientos. 
El verde de los árboles consigue calmarme.
Y los rayos del sol me dan valor para seguir.



Las grietas del marco, mis heridas.
Pero no se derrumba.
Así es mi vida.

PATRICIA DE HARO



Empequeñéceme con el poder de tu mirada.
Hazme insignificante en la grandeza de tu presencia.
Conviérteme en una realidad ínfima y desprotegida
que pide ayuda y refugio en el calor de tus brazos
haciéndonos uno
llamándonos hogar.



Viaje de ida navegando en mi memoria.
Parada única en el lugar que bautizó tantas veces el amor
que volaba y anidaba en nosotros.
Nos sentimos llenos de vida, pero ahora  que ha huido
la ausencia duele
y consume más que nunca.

MARIA VICTORIA FERNÁNDEZ



Mirando a través de esa ventana
sin intención alguna de ver el mundo exterior
buscando introducirme en tus pensamientos.
En los más profundos.


CARMEN ARÁNEGA



Un cielo y tantas nubes para el día más triste.
Allí lo perdió todo. 
Su felicidad.
Su armonía. 
Solo encontró la soledad.

NATALIA MARTÍNEZ



En un lugar escondido, recóndito y solitario se guardan recuerdos que marcan las huellas de mi memoria. Están metidos en un cajón cerrado. Ahí. Eternamente.

PABLO ARANDA



Será el paso del tiempo
o la juventud que no permanece 
o la soledad
que es tan fría 
y tan triste.



De lo más profundo vienen.
Ayuda la fría y blanca nieve
que baja como un espejo cristalino.
Con el tiempo sale la flor
y junto a la espera
lo más preciado de la tierra.

AINOHA CORTÉS




Un atardecer.
Las lágrimas recorren mi rostro recordando tu nombre.
Diseñando infinitos al borde de la inmensidad.
Nunca me cansaré de pensarte.

LUCÍA BAENA



Frente a la vieja farola 
reside el contraste de un recuerdo de antaño
que da luz a la calma.



Las olas arrastraban hacia el sol durmiente
los recuerdos de aquel día.

RAQUEL MARTÍNEZ



Distorsión de luces. Mar infinito.
Florece la duda de lo que aguarda su interior.
Florece la duda de si será una realidad mejor.




Soy director de orquesta; soy protagonista de sala.
Tejiendo construyo una vida.
Desde mis ocho ojos calculo los lados de tu alma.

CARLOS RUIZ



Allí se quedaron nuestros recuerdos, en aquel trocito de mar, protegido por las grisáceas rocas y por el eterno cielo que jamás podremos olvidar.



lunes, 28 de enero de 2019

CUADERNOS DE ESCRITURA


















Un cuaderno es un lugar para guardar palabras, palabras que generan ideas y que asombran incluso al que escribe. Busco que mis alumnos exploren, combinen palabras y encuentren historias, poemas, reflexiones. Estos son los cuadernos que ellos mismos han personalizado para desempeñar esta labor. La de la escritura creativa.

martes, 8 de noviembre de 2016

EMMANUEL GARCÍA GARCÍA. GANADOR DEL IV FESTIVAL DE POESÍA VIVA EN GUADIX.

 
Uno de mis alumnos, Emmanuel García ha sido el ganador en su categoría (3º de ESO) del IV Festival de Poesía Accitana organizado por la Biblioteca Municipal de Guadix. 
Os dejo el poema que presentó a concurso para que lo podáis leer.

Mi màs sincera enhorabuena por esta distinción que sin lugar a dudas te mereces.  A disfrutar de ese libro y a seguir escribiendo y dibujando.

Os dejo con estas palabras poéticas  en contra de cualquier guerra.

POEMA:

La guerra está en camino,
es sin duda de fuertes golpes.
Este su lider, orgullo.
Él no se dejará vencer.
Por esta tontería matan
y para esta se crece.
Y se crea el sufrimiento.
Es porque se va a perecer.
Fuertes golpes se habían dado
mas todos y todas mueren.

domingo, 31 de mayo de 2015

RELATOS GANADORES DEL V CERTAMEN DE NARRATIVA EN EL IES PADRE POVEDA


SOPHIE MIKKELSEN. PRIMER CICLO. 1ºC
                                
                       LEYENDA SORPRESA.

En el pueblo de Benalúa vivía un niño llamado Zack. Zack era un niño muy solitario y solo tenía un amigo, Jack. Zack era un niño muy aventurero en cambio a Jack no le gustaba la aventura como a Zack. Un día los dos salieron a los cerros y se quedaron a dormir allí, mientras que leían un libro de aventuras sobre un tesoro pero para llegar al tesoro tenían que pasar unas pruebas y trampas para llegar allí. Por la mañana, salieron a hacer parkour, Jack se sentó sobre una piedra y apoyó su mano y abrió una puerta secreta, cogieron sus cosas y entraron. Había una puerta que decía ¿Cuántas piernas tiene una cucaracha? Zack dijo seis, era incorrecta miraron hacia arriba y había un montón de cucarachas, Jack gritó ocho y era correcta y la puerta se abrió y salieron de allí corriendo.

Se encontraron con un pasillo muy largo. Zack cogió una piedra y salieron flechas de todos lados. Los dos tragaron saliva. Zack dio un paso para adelante y se activo una trampa y salio una flecha pero por suerte la esquivo. La flecha se clavó en una puerta de madera, abrieron la puerta y había un diario que tenia todas las soluciones para salir de allí.

Siguieron las instrucciones, escucharon un ruido raro, miraron hacia atrás y venían las cucarachas, echaron a correr. Llegaron a una puerta que decía <Roma es el lugar del …> Los dos pensaron. Jack dijo amor, era correcta, así que se abrió la puerta y entraron, la puerta se cerró de golpe. Los dos cogieron sus linternas y vieron un esqueleto colgado del techo, los dos gritaron pero rápidamente se taparon la boca y comenzaron a andar. Jack se apoyó en una piedra y salio un cofre que contenía una llave en su interior y una nota que decía <Hay seis llaves y esta es sólo una de ellas>. Zack se apoyo sin querer en un esqueleto y se abrió una puerta, Jack gritó, Zack corrió y le tapo la boca y se agacharon porque habían despertado a los murciélagos así que entraron a gatas. Cuando se levantaron del suelo había jeroglíficos. Los dos se quedaron pensativos. Escucharon un ruido, era una flecha que venia hacia ellos, la flecha rompió la mochila de Zack dejando caer el libro de leyendas. En el diario había unos jeroglíficos con la traducción en su lenguaje. Jack cogió el diario y lo leyó en voz alta: “Tu mejor arma es un amigo, la confianza que tienes en él y nunca te separes de el porque será mas difícil para salir de este extraño sitio.”

Zack se giro hacia él y le dijo: “No te muevas”. Los dos miraron para atrás y había un monstruo con tres cabezas, cinco ojos en cada cabeza y con un montón de dientes. El monstruo se acerco lentamente, Jack estornudo y el monstruo fue a morderlo hasta que de las sombras salio un hombre y le lanzó una antorcha y se quemó el monstruo, Jack se desmayó. Cuando Jack se despertó, Zack, estaba hablando con el hombre desconocido. El hombre desconocido se acerco y le dijo: “No me tengas miedo, me llamo Sam y soy el hombre que escribió el diario”.

Jack se volvió a desmayar. Se despertó otra vez y miro a Zack. Sam les comenzó a explicar todo lo que había pasado. Al siguiente día, dieron rumbo hacia mas sitios espeluznantes, raros, ect…
Entraron a una habitación donde había ratas muertas o eso creían pero porsiacaso no hicieron ruido. Al final de la habitación había un cofre con la segunda llave. Cogieron la llave y fueron a un estrecho pasillo. Entraron y se dieron cuenta de que las paredes cada vez se hacían mas pequeñas.
Cuando terminaron el pasillo se encontraron con un puente y un río de lava por debajo de ellos, al otro lado había un gatito. Cuando el gatito los vio se convirtió en un ser horrible y corto las cuerdas del puente haciéndoles caer. Sam pulso un botón y su mochila se convirtió en un avión y Zack y Jack cayeron dentro del avión y volaron por los aires. El ser horrible despego con sus alas y los siguió. Delante del avión habían unas montañas y al fondo otra montaña con otro cofre. El avión esquivo las montañas puntiagudas, mientras que el ser horrible se chocaba contra ellas. El ser horrible cayó al suelo, Jack le ató una cuerda en la cintura a Zack porque se iba a tirar a coger el cofre. Cogió el cofre y sacaron la tercera llave. Llegaron a un campamento abandonado. Zack sospechaba sobre ese sitio. Sam dio un paso hacia delante y piso una rama muy seca que crujió. De repente salio un soldado y miles de cucarachas detrás de él. Sam pulsó un botón y su mochila se convirtió en un coche, el soldado no quiso subirse porque las cucarachas ya casi lo tenían. Zack, Jack y Sam estaban en el coche mientras que Sam conducía, llegaron al borde del precipicio, pararon pero las cucarachas empujaron el coche por el precipicio y se cayeron por el agujero que había.

Cayeron sobre una colchoneta y estaban rodeados por esqueletos con cuernos. Zack miro a Sam, Sam no estaba, miró al suelo y Sam se había convertido en un esqueleto con cuernos. También vio mini toros que si te tocaban con los cuernos te morías. Jack cogió la mochila de Sam para poder subirse en el avión. Se subieron y comenzaron a volar y a lo lejos veían otro cofre. Aterrizaron en la montaña y cogieron la cuarta llave. Zack siempre pensaba en lo cerca que estaban para salir de allí. Jack le pregunto a Zack: “¿Por qué había un soldado? ¿Es qué la gente que luchó en la guerra vivieron aquí?”. Zack no contesto inmediatamente. Después de un rato le dijo:”En el libro de leyendas dice “Este sitio fue un lugar secreto para la guerra hasta que Medusa les convirtió en piedra”. Los dos se miraron con mucho miedo. Escucharon un ruido, se dieron la vuelta y vieron a Medusa. Los dos cogieron de la mochila unas gafas de sol, se las pusieron. Medusa los vio y se acerco hacia ellos, ella tenía colgando de la cintura las tres últimas llaves. Los dos se miraron y se dijeron: “Estas pensando lo mismo que yo” Jack movió la cabeza haciendo un gesto de sí. Los dos cogieron sus mochilas. Zack saco un espejo mientras que Jack saco una pierna de pollo. Zack le miro y le dijo: “Eres tonto o que te pasa”. Jack le contesto: “Es que tengo hambre”. Cuando se dieron la vuelta Medusa estaba delante de ellos. Zack se movió rápidamente y se puso el espejo en los ojos. Jack guardó la pierna de pollo y saco un espejo e hizo lo mismo que Zack. Medusa se vio reflejada en los espejos y se convirtió en piedra. Cuando se quitaron los espejos de los ojos vieron que las llaves se volvieron de piedra también. Jack miró el diario y vio que había un lago que convertía todo lo de piedra en oro. Los dos dieron rumbo hacia el lago de oro. Llegaron al lago de oro y encontraron a un monstruo diminuto hecho de piedra. Jack pensaba que era un juguete, así que lo metió en el lago junto con las llaves. El monstruo creció y creció hasta los dos metros de alto, pero lo peor era que tenía las llaves colgando del cuello. Zack vio dos espadas de piedra y las metió en el lago. Zack sacó las espadas y le paso una a Jack. Los dos lucharon contra el monstruo hasta que lo mataron. Cogieron las llaves que le colgaban del cuello y se dirigieron hacia un laberinto. Entraron hacia el laberinto y allí encontraron pistas para poder salir del laberinto.

Escuchó un ruido como si alguien estuviera comiendo, miró a su alrededor y vio a Jack comiendo su pierna de pollo. Escucharon otro ruido como de una bomba, fueron corriendo hacia el lado de donde venia el sonido y vieron a Sam, era transparente y no tenia piernas, tenia una cola. Era un fantasma. Ellos no podían tocarle pero él si podía. El les indico el camino para salir de allí. Jack se puso muy feliz al ver una puerta con seis huecos para las seis llaves. Abrieron la puerta y salieron de allí. Miraron el reloj y sólo había pasado un minuto desde que entraron.

Los dos fueron corriendo a la casa, a explicarles a sus padres todo lo que había pasado, pero ellos no les creían, así que los llevaron al sitio. Se apoyaron en la piedra, pero la puerta no se abrió. Los dos se quedaron paralizados al ver que la puerta no se abría. El padre de Jack se apoyó en una piedra y se abrió la puerta. Entraron y volvieron a vivir toda la aventura pero esta vez con sus padres. Salieron de allí, sus padres ya les creían. Sus padres iban a ir a hablar con la policía y la prensa para que investigaran este sitio. Jack y Zack les pidieron que no dijeran nada porque era un lugar especial para ellos.







LUCÍA LERMA. SEGUNDO CICLO. 3ºC

TODO ESTÁ BIEN.

Todos creemos encajar en alguna parte. Todos creemos que en algún sitio y en algún momento habrá algo o alguien que no haga sentir cómodos y queridos. Todos creemos que estamos destinados a acabar de una manera justa y digna la cual creemos merecer. También pensamos que la soledad no es atractiva, que la compañía nos hace humanos y que junto a alguien querido podemos comernos el mundo. Esto causa una falta de seguridad en nosotros mismos, pensando que debemos tener a alguien a nuestro lado para estar completos. Que debemos encontrar aquello que nos de un motivo para levantarnos cada mañana. Y tristemente yo estoy siendo partícipe y víctima de este sentimiento con el que muchos nos identificamos. Duele endemoniadamente tener que formar parte de algo tan natural y a la vez tan enloquecedor como la soledad. Sentada en esta sala de espera de hospital, observo cómo la vida sigue, la gente nace, la gente muere, y los minutos se me hacen horas partiéndome el alma y clavándose en el pecho. Y, para rematar, justo en este momento en el que siento que todo flota, mi memoria selecciona cuidadosamente los recuerdos más amargos desde que tengo uso de razón. Ya ni sé si es masoquismo o simplemente dolor acumulado. Antes de que me hunda más, aparece el doctor por la puerta de la sala. Sólo espero a que se acerque a mí mientras estudio su semblante e intento adelantarme a los acontecimientos. Cuando lo hace, se sienta a mi lado y me dice:
- ¿Cómo se encuentra?- El doctor busca mi mirada pero yo agacho la cabeza. No soy buena mintiendo a la cara.
- He estado mejor.
- Ya nos han dado la autopsia de su padre. Su madre sigue inconsciente. - Me dice, sin andarse con rodeos. - La causa de la muerte es el desgarramiento por arma blanca de faringe, tráquea y esófago, y de todos los vasos sanguíneos a su alrededor, incluyendo la yugular.
- Es decir, se confirma que no fue un accidente.- Atino a decir, con la voz entrecortada y con lágrimas que luchan por salir.
- Efectivamente.-
Aún siento más nudos en mi garganta, aunque pareciese imposible. ¿Quién puede ser capaz de hacerle algo así a mis padres? Puedo entender la frustración. Puedo entender la ira, puedo entender el odio, incluso puedo entender la simple maldad. Pero jamás entenderé cómo puede alguien arrebatar toda una vida y todo lo que ella conlleva.
- Su madre se encuentra sin cambios. Le mantendré informada.- Me dice, levantándose para posteriormente marcharse.
Ya no aguanto más. Me voy a casa. Llevo 3 días aquí sin poder dormir. Ya me llamarán si algo ocurre.
Llego a casa y todo parece diferente. Ya no hay comodidad ni alegría en el ambiente. Ya no hay
recuerdos de infancia. Sólo hay dolor, tristeza e impotencia dulcemente mezcladas.                                                                         
 ¿Cómo superar la muerte de tus padres? No se supera, está claro. Casi siempre se da por hecho que los padres morirán antes que uno mismo, por simple naturaleza. Pero es que la muerte de mi padre y el coma de mi madre no son por simple naturaleza. Y pese a la fortaleza de uno mismo, duele. Duele mucho. Me siento tan vacía que si vomitase una vez más empezarían a salir órganos, incluyendo el corazón. Preferiría morir. Que me resulte tan indiferente vivir o morir es tan sumamente triste. Dejo que el llanto y el cansancio me consuma y me quedo dormida.

     Varios días después decido pasarme por el hospital y preguntar por mi madre, aunque la respuesta siga siendo causante de mi pena. Mientras estoy en la sala de espera, veo como una mujer adulta que no llegará a los cincuenta me observa como si le fuera la vida en ello. Alzo la vista e intento leer sus intenciones en sus ojos, pero aparta la mirada en menos de dos segundos. Tiempo después noto cómo otra persona hace lo mismo. Vaya. Qué curioso. Me doy cuenta de una cosa. Las personas son capaces de destruir, de estropear, de perseguir, de arrebatar, de fallar, de torturar, de matar, de asesinar, de provocar guerras, repartir odio, de controlar un alma e incluso son capaces de derribar nuestro propio mundo. Sin embargo, no son capaces de sostenerte la mirada durante más de dos segundos. Malditos adultos, siempre con sus ridículas vidas repletas de temas banales que no llevan a otro lado que no sea la inercia y la agonía social, con bolsillos llenos de dinero y mentes vacías.  Intento distraerme con ese tema para evitar pensar en lo que vendrá después. El médico me informa y decido por fin cambiar de rumbo. No voy a hundirme en la horrible sensación de pérdida y vacío. No hasta que consiga lo que merezco. Lo que merecen mis padres. Nunca venganza, pero sí justicia. Voy a encontrar a esos malnacidos y les recordaré que la verdad es mi arma de lucha. No la de ellos.  El doctor me dice que mi madre ha movido el brazo como acto reflejo, pero no es nada por lo que tener esperanza. A saber a qué diablos se refiere con tener esperanza, porque eso es algo que yo ya tristemente carezco. Y me voy casa. Bueno, a casa no puedo irme nunca más. No mientras mis padres no estén.  En estos momentos recuerdo las amargas pero reales palabras de Jorge Luis Borges:
''¿En qué hondonada esconderé mi alma,
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?''
En lugar de dejar que el olvido se apodere de mi capacidad de sentir, voy a la comisaría. Ha habido un homicidio, y por mucho que a mí me destroce que hurguen en la herida, deben estar investigándolo. Al  llegar al sitio, entro como si de un lugar conocido se tratase y al girar a la derecha en la primera planta veo una gran pizarra y un escalofrío se apiada de mi alma. En ella se encuentran dos grandes fotos de mis respectivos padres, con información personal y no tan personal, otra más pequeña foto mía, información de personas que desconozco, aunque no por mucho tiempo, y una gran línea del tiempo que indica el intervalo del ''accidente'' ocurrido aquel fatídico 17 de noviembre. De repente crece en mí un terror fatal. Una estúpida pero humana incertidumbre. No sé si podré hacerlo. No estoy segura de poder sobrellevar todo este cúmulo de situaciones y emociones. Porque yo quiero a mis padres, más allá de todo y de todos; de mi sed de justicia y de mi osadía. Más allá de mi enloquecida guerra con algún monstruo sin razón ni corazón.   Me acerco al aparente detective que está apoyado sobre la mesa mirando fijamente la dicha pizarra.
Al mirarme a los ojos me reconoce casi al instante. Es casi imperceptible, pero no aparta sus claros ojos de los míos hasta varios segundos. Y yo me sorprendo, al fin encuentro a alguien que si es capaz de sostenerte la mirada.
-¿Puedo ayudarle en algo?- Me dice con voz grave y áspera, cohibiéndome con su sólo estar.
- Eso espero.- Respondo, inquieta.
- Vamos a la sala de descanso y le informo de la situación, si le parece.- Dice levantándose.
- Claro.-
Me siento enfrente suya, respiro hondo, y me preparo para lo que será un muy amargo momento.
- Antes de nada, siento mucho su pérdida.- Ante eso, yo sólo asiento.- Como sabrá, la muerte de su padre no fue un accidente.- se pausa, tranquilo.-¿Sabe si sus padres tenían enemigos, alguien que quisiera perderlos de vista, respecto a su vida o a su trabajo?
- No, no.- intento mantener la cordura.- Ellos siempre fueron buenos con todo el mundo a su alrededor. Y respecto a su trabajo, nunca tuvieron clientes que pudieran resultar peligrosos o algún tipo de amenaza. Al menos, no que yo sepa.
- Bien, bien.- responde casi susurrando, siendo consciente de lo que esto puede causarme.- Una vez hablado de formalismos, le diré que ya tenemos un principal sospechoso. - Eso sí me ha sorprendido.
- ¿Qu- quién?
- Su padre tenía un cliente del que llevaba varios meses recibiendo amenazas. Dichas amenazas han sido registradas desde su teléfono móvil, sms, emails y también en forma de carta. - Aquello me sentó como un jarro de agua fría.
¿Por qué diablos no me lo contó?- ¿Y qué maldita relación hay entre mis padres y ese cliente?- respondo ya fríamente. - Dadas las amenazas y la situación del cliente que aún no hemos podido identificar, es bastante posible que se tratase de temas de corrupción. Probablemente sus padres se metieron donde no debían, donde es difícil escapar, y les perjudicó de maneras insospechadas. - Joder- mascullo entre dientes, queriendo con toda mi ira ir a por ese malnacido y meterle ya entre rejas. La ira dio paso a una increíble impotencia y más tarde a unas inmensas ganas de llorar. - ¿Cómo podemos saber quién ese cliente?- pregunto inteligentemente. - Hay un testigo que lo vio en la oficina de su padre. Ahora mismo está con el dibujante describiéndolo. En cuanto lo tenga sabremos quién es.
- ¿Cómo lo hace?- Digo, intentando mantener mi casi inapreciable calma.-¿Cómo es capaz de tratar con muertos todos los días y con personas capaces de matar? Yo no podría hacerlo.-
- Es imposible. Llevo 10 años como detective de homicidios y no se supera nunca. Se intenta, créeme, pero el asesinato es algo tan inhumano como humano. Sólo consigo sobrellevar el día a día pensando en la justicia que intento imponer por encima de todo y de todos. - Antes de que pueda responder, suena su teléfono.- Ya tienen el boceto. Vamos a ver de qué hijo de puta se trata.-

- William Ketfish. .- Dice entre susurros, aunque yo pueda oírle. - Al parecer tiene antecedentes que incluyen fraude y intento de asesinato hace como 5 años. - Es nuestro hombre. Vamos a por él- dijo atropelladamente. Cogemos un taxi hasta un barrio no demasiado bueno hasta llegar a la dirección de su casa. Lo encontramos y lo traemos a comisaría. El detective lo lleva a la sala de interrogatorios y cuando ve que yo le sigo se gira y me dice: - No puedes entrar.- Y me clava sus ojos ahora más oscuros. - Por supuesto que puedo. Estoy tan involucrada en esto que si intentas detenerme podría volverme loca.-Digo divertida, aunque no quita que sea verdad. - Está bien.- Responde él también divertido. Y ahora empieza lo bueno.
- Señor Ketfish, ¿le han leído sus derechos?-
- Déjese de mierdas y vayamos a lo importante. ¿Por qué estoy aquí?
- Es usted sospechoso de asesinato.-
- Ah, ya sé. Asesinato de esos viejos abogados que se metieron donde nadie les llamaba.- Apreto la mandíbula ante su contestación y su comportamiento de indiferencia.- De todas maneras, siendo tan estúpidos como eran, hubieran acabado muertos igual.- Ahí ya no pudo soportar más, me levanto, y me dispongo a dirigirle unas palabras. - Escúchame, gilipollas. Este no es tu patio de recreo. Es la investigación de un asesinato así que déjate de estupideces y limítate a las preguntas.- En ese punto ya sé que he perdido los estribos.
- Vaya, vaya. Tú eres la hija de semejante escoria. Eres igual que tus papás, una cría que cree que se puede meter en temas de adultos que no son de tu incumbencia.- Me escupe con una sonrisa asquerosa. Cuando voy a responderle el detective me echa de la habitación. Y yo no puedo hacer otra cosa que no sea hacerle caso.
Cuando sale de la sala me informa de que tiene motivo, arma y ocasión, pero no hay suficientes pruebas en su contra. Dice que me llamará cuando haya novedades. Y me voy. No sé a dónde, pero me voy. Tampoco pensé en que pasaría mucho tiempo hasta que volviese a pisar la comisaría. Pero pasa. Días. Semanas. Y durante ese tiempo yo sólo intento escabullirme del olvido. Son muchas noches, y muchos días. Muchos oscuros demonios que controlan todo lo que soy y todo lo que aspiro a ser. Este entumecimiento vital me está destrozando, es como si vivieras, pero no, como si sintieses, pero no. Estoy completamente segura de que las esperanzas de un feliz futuro son ya inexistentes. Mi vida es un folio en blanco a la espera de que ocurra algo que merezca ser escrito. Pero el tiempo pasa. Y mis padres. Joder, mis padres. Me gusta jugar a que ya no duelen, a que sólo son un párrafo en el nefasto libro de mi vida y no todo un hiriente capítulo. Y cuando el tiempo me arrastra y pierdo toda racionalidad, el teléfono suena y el detective de ojos bonitos tiene ya el peor episodio de mi vida resuelto. Y yo no puedo esperar para darle a mis padres la paz que merecen.
Al día siguiente me encuentro con él y me lo cuenta todo:
- Esto iba más allá de lo que pudiésemos imaginar. Ketfish es el que disparó, pero no es el asesino. Fue contratado por un hombre con el pseudónimo ''Lazarus''. Hemos investigado, y se trata de un político corrupto ahora retirado que se ha pasado los últimos 20 años atando cabos con su pasado. Y eso incluía a tus padres. Al parecer tu padre tenía información que si salía a la luz destrozaría a dicho político y a todo su alrededor. Y tu madre fue solamente un efecto colateral. Hemos localizado al político y queremos que tú hagas los honores y vengas con nosotros a arrestarle. Su nombre es ''Richmond Berkley''. -
Y yo no puedo hacer otra cosa más que sonreír.- Gracias.-
- No se merecen.- Me da instrucciones y nos dirigimos al lugar donde se encuentra ahora Lazarus. Una conferencia. Y soy yo la privilegiada de arrestarle. De ver cómo la seguridad de su semblante se desvanece a la vez que le indico que está detenido. De cómo sus ojos pierden vida y razón. Y yo no puedo sentirme más plena.
          Y si la felicidad de poner entre rejas al culpable de la muerte de mi padre no fuera poca, el doctor me llama después de meses sin saber de él para decirme que mi madre ha despertado. Que ha despertado y yo por fin veo luz a través del túnel.
Jamás pensé poder volver a ser partícipe del bello pero momentáneo sentimiento de la felicidad, y sin embargo elimino todas las cosas malas, las heridas, la muerte de mi padre y demás, y centro todo mi ya jodido universo en mi madre, en contarle que la justicia se ha impuesto como la bandera americana en la Luna y que sólo deseo su próxima recuperación y bienestar. No sé si es una lágrima de júbilo lo que asoma por mi mejilla, o si simplemente es una lágrima de impotencia y del cúmulo de información mal sobrellevado. En cualquier caso, casi corriendo voy a la salida del ayuntamiento para posteriormente dirigirme al hospital. Mi vida ha dado un giro tan dulcemente inesperado que es casi increíble. Pero yo siempre he sido fiel a la posibilidad de casi todas las cosas, así que no me sorprende. Creí haber perdido las ganas de vivir por este largo y triste camino pero aún así, aún todas las mierdas posibles que me pudiesen echar encima, una gran sensación de plenitud y realización personal se instala en mi pecho.  Y a continuación entro en el hospital y pregunto por mi madre. No puedo evitar sentir cierto nerviosismo porque lo que está a punto de pasar y la vez estoy relajada por lo que supone lo que va a pasar. Entro en la habitación, y de repente ya nada más es importante. Estoy completamente segura de que mi corazón se ha saltado al menos un latido. Mi madre se encuentra con oscuras y pesadas ojeras, con una venda en el brazo y bastante adormecida, probablemente por la morfina. Pero yo no puedo sentir nada más que júbilo y ahora creo con certeza que mi corazón y mi alma trabajan por fin a un nivel constante.
- Mamá...- Dejo de luchar porque mis lágrimas han decidido tomar su propio camino por mis mejillas. Mi madre hace una especie de gruñido para intentar levantarse pero yo la detengo. - No, mamá, está bien. Todo está bien. Todo está bien. Se acabó sufrir, se acabó. - Lo digo lo suficientemente alto para que lo entienda pero casi susurrando para tranquilizarla. - Todo está genial.-
Ella sólo se dedica a sonreír y ya creo plenamente que esa es la única razón por la que yo estoy ahora viviendo. - Dios, mamá. No sabes lo bello que es verte. Lo bello que saberte, hablarte. Te quiero. Te quiero muchísimo. -
- ¿Papá..?-Pregunta. Niego con la cabeza. Ella agacha su ahora triste mirada. Pero mi esperanza por una mejor vida es más clara. Sé que tengo que dar muchas explicaciones, y sé también que no será fácil salir de este frío pozo. Pero es esa la principal razón por la que quiero intentarlo. Y, por ahora, eso me es más que suficiente.